Quien soy


De profesión, vaquero espacial!

Eso es, al menos, lo que le dije a mi atolondrada madre mientras andaba yo en mis tiernos 8 años. Una profesión que podría parecer insignificante, un desvarío de un niño de 8 años, para cualquier persona adulta, entregada a su trabajo y responsabilidades, demasiado ocupada para pensar en semejantes tonterías.

Tonterías que, al estirar nuestros huesos, músculos y mentes con el paso de los años desaparecen necesariamente, dejando tras de si una neblina de recuerdos, añoranzas y momentos donde todo era posible: donde subir a la luna y traer de vuelta una lágrima de unicornio era un desafío, pero no era imposible; donde salvar el mundo cada día era un mero trámite, y donde éramos aquello que queríamos ser y cuando queríamos serlo.

Yo de mayor quiero ser vaquero del espacio.