Algo en que pensar


Voy a daros algo en que pensar.

Podéis pasar completamente o llamarme loco o incluso pipiolo, que siempre me ha gustado mucho. Es un tema de suma importancia si crees que tus relaciones interpersonales han cambiado y, por un motivo que desconoces, la gente es ahora mucho más agresiva cuando se habla de política (y mucho más insistente). Lee esto si te sientes acosad@ y cada una de tus discusiones acaba con una sensación desagradable de derrota y frustración cuando se toca el tema innombrable, si no te suena la sensación es posible que este texto no te aporte nada. Recordad que esto es un intento de condensación de un tema extremadamente complejo. Allá va:

Al igual que estábamos a punto de contemplar una de las mayores revoluciones sociales de la historia de la humanidad de la mano de feminismo y ecologismo, (si no os cuadra os estudiáis el tema), las potencias económicas han respondido con la mayor alienación de la historia de la humanidad. El caso es sencillo y terriblemente efectivo: vestir de resistencia las posturas más conservadoras, convertir la indignación de la clase obrera precarizada (que todavía se cree clase media aunque no lo sea) en furia contra ellos mismos, un disparo en el pie de los movimientos sociales.

La base para este ataque: desinformación masiva que recibes a través de tu móvil. Mentira tras mentira tras mentira tras mentira, tan sencillo como eso. Invade la sensación general que no puedes fiarte de los medios tradicionales. Cuando te cargas las fuentes de información puedes colarle a la masa cualquier cosa. Somos la masa, nos la han colado. Jodidamente Orwelliano pero ahí tienes a gente que le importa una mierda lo que digan los expertos, lo que digan los datos, lo que diga la ciencia. Odian algo y no saben por qué. No tienen ni una prueba de lo que dicen, solo un pantallazo con una frase demoledora, no tienen nada. A través de la repetición de imágenes y argumentos fáciles detestan al rival. Soluciones sencillas para un mundo complejo, directo al corazón y pasando por encima de la razón. Simple y efectivo. Un éxito abrumador y ahora vuestros grupos de whatsapp son un infierno de ideología confusa y contradictoria y de frases que Winston Churchill nunca llegó a decir. Gente saliendo a la calle para protestar que no se puede salir a la calle. Gente gritando que no se les deja gritar. Gente exclamando “represión” y “dictadura” pero no llegan los grises. ¿Sentido? Ninguno. Fe ciega en un pantallazo del whatsapp. Cuando te cargas las fuentes de información puedes colarle a la masa cualquier cosa. El pobre que se levanta contra los que quieren erradicar la pobreza. El ignorante que dice “hay que ver, que tontos son estos científicos”.

¿Os acusan de todo lo que veis en ell@s? ¿Las conversaciones que antes eran sobre viajes y diversiones ahora acaban en el muro de Berlín? ¿No encontráis la paz en ninguna de vuestras conversaciones? Calma.

3 claves si queréis entender qué está pasando (no solo en España, esto no es el ombligo del mundo por si no os habíais dado cuenta):

-Método Bannon. Echadle un vistazo y entenderéis muchas cosas. Pregúntate por qué tenemos una o más formaciones políticas en España que defienden intereses extranjeros.

-Cuidado con la información que recibís. Ojo al pantallazo con la frase demoledora y la foto caricatura, no os hace pensar, construye vuestra opinión y la consolida aunque no se corresponda con la realidad. Revisad las líneas editoriales de los medios en los que os informáis.

-Follow the money.

Si odiáis al rival y no sabéis por qué, simplemente desconfiáis, sin datos que avalen vuestro odio, si no tenéis un por qué para ese odio… Mucho me temo que os la han jugado, espero que os recuperéis y podáis levantaros del golpe.

El mundo está cambiando, ya lo decía Galadriel y tenía razón en su momento, también lo decía Antonio Gramsci, político y sociólogo italiano y uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Dejando de lado ideales comunistas, utopías y predicciones agoreras, cuando alguien tiene razón es de mala educación no concedérsela.

Porque parece que surgen monstruos allá donde uno mira: ultranacionalismos, movimientos racistas y de segregación por motivos raciales, de género o geográficos, así como pensamientos extremistas en todos los lugares del mundo, magnificados por el impacto de la redes antisociales. Quién podría decir que, en la era de la información, el momento más brillante de la humanidad, es cuando más confundidos estamos, cuando la posibilidad de error sobre lo que crees real se dispara hasta extremos intolerables para una sociedad sana. Casi parece una pesadilla Orwelliana.

Y todo lo que se encuentra como hilo conductor del surgimiento de estos monstruos que nos enfrentan y nos dividen, es la utilización de los canales de comunicación para sembrar el caos y la desinformación en todos y cada uno de los usuarios. Pero esta técnica se había utilizado antes, se llama propaganda. Así en letras mayúsculas porque el rival es peligroso. Peligrosísimo. Se merece toda nuestra atención, todos nuestros sentidos aunque ahora tenga otro nombre: fake news.

Hasta hace bien poco, para que la propaganda llegase hasta ti, tenías que leer una revista, encender la tele o, en definitiva, hacer algún esfuerzo, e incluso podías cambiar de canal si lo que estabas viendo no te gustaba o cuando querías saltarte los anuncios. Ahora esquivar este tipo de información perniciosa resulta de una complejidad mucho mayor. Algoritmos malvados parece que nos persigan, como en las películas de los 90 en las que las máquinas tomaban el control. De un modo u otro cualquiera de nosotros es susceptible de recibir información viral si esta tiene la suficiente repercusión en las redes y aquí se encuentra el problema capital. No es necesario que la información que recibimos sea VERDAD. Basta con que sea viral y nuestros dispositivos electrónicos la promocionarán por encima de otros contenidos, sin importar que estos sean o no valiosos. De esta manera es posible atacar la opinión pública de una manera nunca antes vista y con una efectividad rotunda y global.

Llegamos así a un claroscuro tenebroso en el que una parte de la población es capaz de llegar a dudar incluso si la tierra es redonda (algo que Carl Sagan podía demostrar con un folio y dos palos). La humanidad gana accesibilidad, pero pierde conocimiento, pierde exactitud en el dato, pierde los consensos. Esta característica unida a la capitalización de la información nos convierte en el objetivo prioritario de aquellos desaprensivos a los que no les importa que la realidad muera mientras puedan imprimirla en un trozo de papel o ganar un par de seguidores con una foto descontextualizada.

Por supuesto esta pérdida de la verdad gracias a la propaganda extiende sus ramas hacia todos los aspectos de la vida. Ya sea para conseguir que consumamos productos que no necesitamos como para diluir la lucha social y el avance político de las naciones; basta un dato falaz para acabar con un partido, un diputado o cualquiera que amenace este delicado sistema que tanto esfuerzo requiere para ser mantenido.

Además, a esta capacidad de difundir la mentira disfrazada de verdad se ha unido la prisa: la apertura de la información a la población de manera tan agresiva tiene sus ventajas por supuesto ya que nos permite acceder en un instante a casi cualquier dato pero deja la puerta abierta a que cualquiera puede organizar una plataforma de información en la que no sea necesaria la verificación ni, por supuesto, el conocimiento real sobre la materia, poniendo en jaque al periodismo real que requiere de una contrastación de sus datos para cumplir con un código deontológico que depende, más que nunca, de la independencia del redactor. El resultado no ha sido el esperado: para poder competir con la prisa, el periodismo ha rebajado sus estándares de crítica y veracidad ya que lo necesario es lanzar la noticia más rápido, con mayor cantidad de palabras clave y menor extensión, que leer hoy en día cansa. La pérdida real de conocimiento es notoria.

Es posible que, frente a la era de la información, la propaganda sea el mayor de nuestros enemigos y el rival a batir, porque si perdemos la verdad, perdemos el rumbo, y en esta pérdida de dirección es el lugar en el que aparecen los monstruos.

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