Acto IV 1


En una gélida madrugada, sin poder conciliar el sueño, encontrábame vacío de aspiraciones y harto de esperar la sinuosa suerte decidí ir a su encuentro… Dada mi torpe orientación, me perdí. Maldigo aquel día, pues tropecé con lo que en apariencia parecía un adorable anciano vestido con harapos, no lo era. Tras una intensa y muy poco relevante charla, con la ineptitud que me identifica, le pregunté si sufría incontinencia, no le gustó. Indignado, me condenó a pasar dos lustros trabajando en un gulag. Durante años sólo soñé con la manera de escapar y entonces, tuve una revelación y hallé la solución… Fue un error, me condenó a diez años más.

Y aquí sigo, picando piedra a cambio de un insípido plato de arroz. ¡Puta vida!


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