Acto I 2


En una bochornosa noche de verano, hallábame terriblemente inspirado en disposición de encontrar la cura contra la estupidez humana. Tras muchas horas de vagas reflexiones, no hallé cura alguna. Fue entonces cuando me importunó la presencia de un dichoso mosquito, con su incordiante aleteo, orbitaba a mi alrededor como si de un satélite se tratara. Quise abatirlo desde la distancia lanzándole objetos poco convencionales, él los esquivaba con cierta petulancia, deslizándose con la sutileza de una bailarina de ballet, sus movimientos eran casi poéticos. Fracaso tras fracaso, abandoné la lucha; intenté someterlo mediante la sutileza de mis palabras, fue inútil -este torpe ser no entiende nada-, me dije, y resignado abandoné todo propósito.

A día de hoy aún sigue aquí, ahora somos buenos amigos, se llama Alfred y jugamos juntos al parchís en los días lluviosos.


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2 ideas sobre “Acto I

  • Elena Cortés Ruiz

    No te fíes, yo hice amistad con uno el verano pasado y descubrí que, mientras yo dormía, se comía las patatas fritas… Tampoco hallé la cura de la estupidez humana, pero sí un calcetín envuelto en pelusas, debajo de mi cama. Publiqué sobre ello una trilogía y gané varios premios. Ahora vivo a todo tren en una isla del Pacífico.